La industria minera global comenzó a sentir con fuerza las consecuencias de la guerra en Irán y de las tensiones en Medio Oriente. Desde Australia hasta África, las cadenas de suministro de insumos esenciales para la minería están siendo afectadas, elevando costos y generando riesgos operativos para productores de cobre, cobalto, níquel, litio y otros minerales críticos.
Uno de los principales problemas es el acceso al diésel y al azufre. El diésel es fundamental para operar maquinaria pesada en minas a cielo abierto, mientras que el azufre y el ácido sulfúrico son esenciales para ciertos procesos de extracción de cobre y cobalto.
Según ejecutivos y analistas del sector, la situación todavía no ha provocado una caída masiva de producción, principalmente porque las grandes compañías lograron asegurar inventarios y absorber el aumento de costos. Sin embargo, empresas más pequeñas ya comienzan a reducir operaciones debido al fuerte encarecimiento de los suministros.
Robert Friedland, fundador y copresidente de Ivanhoe Mines, afirmó durante una conferencia en Suiza que “la cadena de suministro se está rompiendo”, advirtiendo que el verdadero impacto de la guerra sobre la minería mundial apenas está comenzando.
El azufre se convierte en un problema crítico
Medio Oriente representa aproximadamente la mitad del comercio marítimo mundial de azufre y una parte importante del suministro internacional de diésel. Esto vuelve especialmente vulnerable a la minería mundial ante cualquier interrupción en la región.
El azufre es clave para producir ácido sulfúrico, utilizado en el proceso SX-EW (extracción por solventes y electroobtención), una tecnología responsable de cerca del 17% de la producción mundial de cobre.
Analistas de Goldman Sachs y Bank of America advierten que una prolongación de las tensiones podría afectar seriamente la producción global de cobre, justo cuando la demanda de minerales críticos continúa creciendo debido a la transición energética y la industria tecnológica.
Los precios del cobre ya reflejan parte de estas preocupaciones. En la Bolsa de Metales de Londres, los futuros del cobre subieron más de 40% en comparación con el año anterior y alcanzaron máximos históricos superiores a US$14.500 por tonelada.
Congo y Zambia entre los más afectados
La República Democrática del Congo, segundo mayor productor mundial de cobre y principal proveedor de cobalto, es uno de los países más expuestos.
Gran parte del azufre que utilizan las operaciones mineras congoleñas proviene de Medio Oriente. Además, muchas minas dependen del proceso SX-EW, que requiere grandes cantidades de ácido sulfúrico.
Fuentes cercanas a la industria indicaron que conseguir nuevos cargamentos de azufre puede tardar hasta dos meses, mientras que algunas operaciones apenas cuentan con inventario suficiente para un mes.
Los precios del azufre en África prácticamente se duplicaron desde el inicio del conflicto, alcanzando cerca de US$1.200 por tonelada, e incluso algunos contratos pequeños llegaron a US$1.400.
Algunas empresas mineras de menor tamaño ya comenzaron a reducir producción debido al elevado costo del diésel y la dificultad para conseguir azufre a precios razonables.
Goldman Sachs estima que, si las interrupciones continúan, Congo podría perder alrededor de 125.000 toneladas de producción de cobre este año.
En Zambia, compañías como Jubilee Metals también advirtieron sobre problemas crecientes con el abastecimiento de ácido sulfúrico y analizan estrategias conjuntas de compra para enfrentar la escasez.
China agrava la situación
La presión sobre el mercado del ácido sulfúrico aumentó todavía más luego de que China anunciara planes para limitar exportaciones de ácido producido como subproducto de fundiciones de cobre y zinc.
Según Goldman Sachs, esto podría retirar aproximadamente 1,5 millones de toneladas del mercado marítimo mundial hasta diciembre.
Chile aparece como uno de los países más vulnerables a esta situación, ya que cerca del 30% del ácido sulfúrico utilizado por la minería chilena provenía de China.
Analistas estiman que hasta 200.000 toneladas de producción chilena de cobre podrían quedar en riesgo si las restricciones continúan.
Aun así, grandes compañías como Codelco y Freeport-McMoRan indicaron que cuentan con cierta protección gracias a contratos y abastecimiento propio, aunque reconocen que el ácido sulfúrico ya figura entre las principales preocupaciones operativas.
El diésel eleva los costos mineros
El combustible es otro factor crítico.
Las minas de cobre, hierro, carbón y litio dependen intensamente del diésel para mover maquinaria pesada y transportar materiales.
Empresas como Codelco y Antofagasta estiman que el aumento del precio del combustible ya elevó cerca de un 5% sus costos de producción.
En países como Congo, el problema no es únicamente el precio, sino también la disponibilidad física del combustible, debido a rutas logísticas largas y complejas.
Bank of America señaló que en algunas regiones mineras el diésel se convirtió en una “limitación operativa crítica”.
En Etiopía, la empresa Akobo Minerals redujo temporalmente operaciones debido a la escasez de combustible. En Australia Occidental, pequeñas compañías mineras también comenzaron a restringir actividades para ahorrar diésel.
Fenix Resources, productora de mineral de hierro, anunció recortes en actividades no esenciales y transporte minero debido a restricciones de combustible.
Las grandes mineras empiezan a advertir riesgos
Varias de las compañías mineras más importantes del mundo comenzaron a alertar a inversionistas sobre el impacto financiero de la guerra en Medio Oriente.
Teck Resources advirtió sobre mayores costos de combustible en sus minas chilenas. Freeport-McMoRan aumentó sus proyecciones de costos para 2026 debido a la volatilidad del diésel y del ácido sulfúrico.
La estatal chilena Codelco también reconoció que el conflicto se convirtió en un obstáculo inesperado para la industria.
El presidente de la compañía, Máximo Pacheco, resumió el sentimiento del sector con una frase contundente:
“Producir cobre hoy es cada vez más difícil”.
En general, la industria minera todavía mantiene operaciones relativamente estables, pero la preocupación crece a medida que el conflicto se prolonga y las cadenas de suministro globales muestran señales de mayor fragilidad.





